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Lactancia y alimentación

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Comidas de verano

Lic. en Nutrición Luciana Lasus

Con las vacaciones y el calor cambian algunas rutinas y horarios de comida, los platos se vuelven más ligeros, más frescos, más variados gracias a todos los alimentos de estación. Estos cambios también se reflejan en la comida de los más chiquitos, nos referimos a niños mayores de un año que ya están integrando la mesa familiar.

Es frecuente observar que el apetito disminuye, lo que no debería preocuparnos a menos que el niño pierda peso. Sin embargo, sí es muy importante asegurar el aporte de líquidos, en lo posible agua, fresca o fría, en cantidades fraccionadas para evitar dolor de panza. ¿Cuanta agua? Si la pide espontáneamente, darle tanta como pida, si no lo hiciera será necesario ofrecerla, si se tratara de un niño alimentado a pecho exclusivo, se aumentará la frecuencia de las mamadas.

Es preferible proponerles agua y no leche o yogures, ya que estos alimentos le sacarán lugar a la comida, le aportarán calorías extras y generarán el mal hábito de "picotear". Por otra parte, los refrescos no son recomendables para el consumo diario y los jugos de fruta deberían limitarse a un vaso por día, por las mismas razones.

Vacaciones en hoteles o comidas en restaurantes

Es frecuente que los niños rechacen en un primer momento las comidas que no son las de su casa, hasta los mismos platos pueden saber diferente...

Será cuestión de adaptarse y recurrir a comidas simples y conocidas por ellos como puré, arroz, pastas, pollo o carne asada, o intentar incluso ofrecer algún alimento nuevo. Por otro lado, es preferible limitar el consumo de minutas y frituras con suficiente flexibilidad. Otra opción muy atendible, es recurrir a las comidas preparadas para bebés y niños pequeños; picados y colados de verduras, carnes, cereales y frutas son prácticas y seguras.

Es una excelente oportunidad para incorporar a la alimentación diaria frutas y verduras de verano, que permiten combinar colores y sabores aportando cantidades interesantes de vitaminas y minerales, y generar el hábito.

Así como proponemos flexibilidad con los horarios, lo mismo se aplica a las combinaciones de alimentos durante el día: si no comió fruta con el almuerzo la dejamos para la merienda, y si no hubo un lácteo en la merienda, el postre puede ser de leche, por ejemplo.

¿Qué llevarles a la playa?


Teniendo en cuenta que los horarios de sol con niños pequeños están muy limitados, los alimentos que llevemos a la playa tienen casi una función social y son parte de la diversión. Complementan las comidas de la casa, podrían incluirse:  

- Frutas
- Cereales
- Galletas sin relleno o baños
- Jugos o yogures (refrigerados)
- Evitar en lo posible, mayonesa, fiambres, chocolate

En este caso ofrecerles agua será bien importante, ¡sobre todo a los más chicos!

Higiene: ¡extremar medidas!

El calor favorece la proliferación de bacterias y virus, de ahí que es muy común sufrir las consecuencias de estas, en general diarrea y vómitos, en verano.

Una de las medidas preventivas más eficientes es extremar la higiene.
Es recomendable:
- El lavado de manos antes de comer
- El lavado de verduras y frutas con hipoclorito
- Refrigerar correctamente los alimentos
- Evitar recalentar porciones
- Evitar mezclar alimentos crudos y cocidos en el mismo recipiente
- Cuidar las temperaturas de freezer y heladera, evitando el volver a congelar un alimento que se haya descongelado

Es saludable tomar el veraneo como un período de excepciones y experiencias entre otras cosas con la comida, mientras retomemos algunas rutinas a la vuelta que permitirán al niño diferenciar y aprender a disfrutar junto al resto de la familia de las merecidas y ansiadas vacaciones.

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