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Sueño y obesidad

Miguel Kazarez y Florencia Rosas

La mala calidad del sueño influye en el desarrollo de la obesidad

El sueño es un importante proceso para el funcionamiento neuroendocrino y del metabolismo. Entre otras cosas, mientras dormimos se almacena información, se secreta la hormona melatonina encargada de la reparación celular y la hormona de crecimiento que contribuye a la formación de proteínas para la síntesis celular.

La utilización de computadoras, televisión y videojuegos, como medios de entretenimiento durante la noche, incitan a que las personas se acuesten más tarde de lo aconsejado y suele perturbar la conciliación del sueño.
Según varias investigaciones, quienes descansan escasas horas durante la noche presentan mayores riesgos de desarrollar problemas como obesidad, un inadecuado funcionamiento de la glucosa, resistencia a la insulina y Diabetes Mellitus Tipo 2.

En estudios realizados en jóvenes sanos con restricción del sueño, se observó un aumento en los niveles de Grelina, hormona reguladora del hambre, y una disminución en los niveles de Leptina, hormona reguladora de la saciedad. Es por ello que dormir menos de siete horas diarias, podría desencadenar un aumento de la sensación de hambre y un retraso en la señalización de saciedad.

Se ha detectado una relación positiva entre las horas del sueño y el gasto energético: los que suelen dormir pocas horas tienden a gastar menos energía y consumir una mayor cantidad de alimentos energéticos a base de grasa y/o azúcares (comidas rápidas, chocolate, refrescos azucarados, golosinas, entre otros).

En cuanto a las embarazadas, en un estudio se observó que aquellas madres que solían dormir menos de 6 horas por día presentaban un mayor riesgo de desarrollar hipertensión inducida en el embarazo y preeclamsia, mientras que si la duración del sueño era mayor a 10 horas, el riesgo de desarrollar estas patologías aumentaba especialmente en el tercer trimestre.

Muchos se preguntaran cuáles son las necesidades de sueño para cada etapa de la vida. La duración del sueño nocturno promedio para un adulto es de siete a ocho horas. En épocas de mucha actividad intelectual, crecimiento o en el embarazo pueden aumentarse. Por otra parte, el estrés, la ansiedad y la actividad física realizada en la tarde tienden a disminuir las horas de descanso.

Con respecto a los niños en edad escolar se aconseja un mínimo de 10 horas diarias, mientras que para adolescentes se recomiendan 8 horas diarias.

Entonces, es importante realizar las horas de sueño correspondientes para evitar el abuso de alimentos de mala calidad que tienden a favorecer la ganancia de peso y desarrollo de enfermedades. En caso de dormir menos de lo pautado se aconseja seleccionar alimentos saludables a lo largo del día, que incluya: lácteos, carnes magras, verduras, frutas, cereales integrales y frutos secos.

 


Licenciado en Nutrición Miguel Kazarez, miguelkazarez@gmail.com
Licenciada en Nutrición Florencia Rosa, mflorenciarosa@gmail.com
 

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