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Lactancia y alimentación

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Posibles riesgos de las bebidas energizantes

Miguel Kazarez y Florencia Rosas

Si bien no existe una definición formal de las bebidas energéticas, según la Autoridad Europea en Alimentación (EFSA), se pueden clasificar como tales aquellas bebidas que contengan cafeína, taurina y/o vitaminas. Muchas marcas comerciales también suelen adherir otros ingredientes, hierbas naturales, como la guaraná.

Según el reporte lanzado por la EFSA, uno de cada tres niños menores de 10 años suele consumir esta bebida, mientras que dos de cada tres adolescentes son consumidores.

Habría que tomar cuatro tazas de café o seis de té para igualar la cantidad de cafeína que presenta este tipo de productos. Quizás su ingesta permite hacer frente al cansancio acumulado, pero considerando las cantidades elevadas que presenta de estimulantes y sus contraindicaciones, el consumo de estas bebidas debería estar desaconsejado en niños, embarazadas y madres durante la lactancia.

Las bebidas energizantes pueden llegar a generar insomnio, taquicardia, palpitaciones y problemas coordinativos, entre otras afecciones. También pueden provocar la elevación de la presión arterial y desmejorar alteraciones cardíacas que ya existan.

En cuanto al azúcar, las cantidades aportadas por el energizante son similares a las que se pueden encontrar en los refrescos comerciales. Aquellos niños que tienden a consumir este tipo de productos de forma frecuente tienen mayores riesgos de desarrollar obesidad infantil y de sufrir incrementos indeseados en su glicemia (concentración de azúcar en la sangre); dos factores de riesgo que pueden predisponer al desarrollo de diabetes en niños y adolescentes.

La taurina participa en diversas funciones a nivel corporal. Pero su adición en estos productos carece de respaldo científico. Mediante una alimentación sana y balanceada, donde se incluyan proteínas, se estarán aportando las cantidades necesarias de este aminoácido.

La Asociación Médica de Canadá alerta sobre otros potenciales efectos que presenta el consumo de este producto en jóvenes:
• Trastornos del estado de animo o baja autoestima.
• Deterioro del rendimiento escolar.
• Mala calidad del sueño.
• Aumento del asma.
• Interacción con los fármacos ingeridos.
• Problemas en los huesos y dientes.

En resumidas cuentas, en el caso de querer sentirse más enérgico para afrontar el trabajo y el embarazo o para potenciar el rendimiento escolar de los niños o adolescentes se sugiere no recurrir a bebidas energizantes; en cambio, incorporar hábitos de vida saludable como comer de forma frecuente y balanceada, descansar y realizar actividad física.

 Licenciado en Nutrición Miguel Kazarez, miguelkazarez@gmail.com

Licenciada en Nutrición Florencia Rosa, mflorenciarosa@gmail.com

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