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Lactancia y alimentación

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Alimentación complementaria

Miguel Kazarez y Florencia Rosas

Durante los primeros seis meses el bebé debe alimentarse con leche materna exclusivamente, o en su defecto con alguna leche de fórmula indicada por el pediatra tratante. Al completar este período, la leche materna no resulta suficiente para cubrir la totalidad de las necesidades nutricionales, por lo que se recomienda comenzar a incorporar alimentos sólidos, de modo de poder aportar los nutrientes necesarios y evitar cualquier tipo de carencia nutricional en el niño.

La alimentación complementaria debe tener una consistencia y una variedad adecuadas. Además debe administrarse en cantidades apropiadas y con frecuencia, para alcanzar el aporte energético necesario que promueva un adecuado crecimiento y desarrollo del bebé. La incorporación de alimentos debe ser siempre gradual.

Los alimentos deben prepararse y administrarse en condiciones seguras, es decir, reduciendo al mínimo el riesgo de contaminación por microorganismos patógenos.


¿Cómo debe ser la consistencia de los alimentos?

A partir de los 6 meses los lactantes pueden comer papillas, purés y alimentos semisólidos. Por ejemplo: carne desmenuzada, puré de vegetales, fideos pisados.

Luego, a partir de los 8 meses, la mayoría de los niños pueden consumir alimentos que se puedan comer con los dedos. Por ejemplo: puré con algunos grumos (trozos de la verdura), durazno algo pisado, carne picada en trozos pequeños.

A los 12 meses, la mayoría de los niños puede comer el mismo tipo de alimentos que el resto de la familia. Deben evitarse los alimentos que puedan atorar, como nueces, uvas, zanahorias crudas, etc.

¿Con qué frecuencia debe comer el niño?

A medida que el niño va creciendo se deben ir aumentando el número de comidas. Los lactantes entre 6 y 8 meses suelen tener 2 a 3 comidas al día, más 1 o 2 entre-comidas. A partir de los 9 meses conviene ofrecerles de 3 a 4 comidas, más 1 o 2 entre-comidas.

Las entre-comidas pueden consistir en preparaciones a base de lácteos y frutas. A medida que el niño avanza en su crecimiento y desarrollo se pueden ir agregando trozos de queso, pan, galletitas, tortas o bizcochuelos caseros.

¿Qué se debe tener en cuenta cuando el niño está enfermo?

Durante la enfermedad el apetito disminuye. Se debe aumentar la ingesta de líquidos, incluyendo la leche materna, a través de una lactancia más frecuente; ésta debería ser la principal fuente de líquido y alimento. Luego alentar al niño a comer alimentos suaves, variados y apetecedores, que sean sus favoritos. Después de la enfermedad se aconseja ofrecer alimentos con mayor frecuencia de lo normal y alentar al niño a que coma más.

A recordar:
• En las preparaciones no se debe utilizar sal. Se recomiendan condimentos naturales como cilantro, apio, cebolla, ajo.
• Si el bebé rechaza un alimento, no significa que no le guste. Es importante continuar ofreciéndolo, es probable que en otra oportunidad lo acepte.
• Es recomendable incluir alimentos de diversas texturas (suaves, porosos) y de diversos colores. Cuánto más variado y colorido el plato mayor nutrientes le estamos brindando.
• Se debe tener presente que alimentos como huevo, maní, tomate, pueden producir alergias.
•Se aconseja evitar golosinas, sopas instantáneas, gaseosas, café y postres.

 

Licenciado en Nutrición Miguel Kazarez, miguelkazarez@gmail.com

Licenciada en Nutrición Florencia Rosa, mflorenciarosa@gmail.com

 

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