tu bebé

Salud

Imprimir Enviar

Cuando la mujer sufre de mastitis

Ginecólogo Gonzalo Sotero

La mastitis es la inflamación de la glándula mamaria, y hay múltiples causas que la pueden provocar.

Una mastitis aguda puede exteriorizarse mediante fiebre, dolor generalizado y sensación de tirantez en el pecho, así como enrojecimiento y sobrecalentamiento del mismo. Por lo general, solo se inflama uno de los pechos. Las causas de la mastitis suelen ser bacterias, principalmente el Staphylococcus aureus. En ocasiones, la producción masiva de la hormona prolactina (que estimula la producción de leche) o una alteración benigna del pecho (mastopatía) pueden ocasionar la inflamación de la glándula mamaria.

 

Por lo general, el médico puede diagnosticar la mastitis por la descripción de las molestias y la exploración táctil. Mediante una ecografía puede determinar con exactitud la inflamación del pecho. Si el pezón (mamila) se ve más grande de lo normal o secreta líquido, el médico toma un frotis y lo analiza en busca de posibles patógenos. Además, mide la concentración de la hormona prolactina en la sangre. Si encuentra un aumento de prolactina en la sangre hay que buscar las causas (por ejemplo, trastornos en la tiroides o la ingesta de determinados medicamentos). Si las inflamaciones de la glándula mamaria son recurrentes, se necesita una mamografía para continuar con el diagnóstico y descartar un cáncer de mama (carcinoma mamario).

El tipo de mastitis más frecuente es el que se produce durante la lactancia y se denomina mastitis puerperal. Las inflamaciones de la glándula mamaria fuera del período de lactancia son poco frecuentes y su evolución es a menudo crónica, es decir, la inflamación vuelve a recurrir una y otra vez. Si se trata de una simple mastitis no puerperal y no se ha formado ningún absceso (cavidades llenas de pus), el médico receta, entre otros, medicamentos contra la elevada producción de prolactina, antibióticos y antiinflamatorios (antiflogísticos). El enfriamiento del pecho y un sujetador adecuado que no oprima el pecho también pueden aliviar las molestias. Si se ha formado un absceso, el médico lo abre y elimina el pus.

La mastitis puede tener evoluciones muy diversas: aunque a veces la inflamación de la glándula mamaria se cura rápidamente, en otros casos hay mucho que hacer.

Conversamos acerca del tema con el ginecólogo Gonzalo Sotero.

¿Qué es la mastitis?

La mastitis es la inflamación de la glándula mamaria. Existen dos tipos: la inflamación durante el período de lactancia (la denominada mastitis puerperal) y la inflamación que se da fuera del puerperio (la mastitis no puerperal).

La mastitis que se da fuera del período de lactancia (mastitis no puerperal) es poco frecuente. Sin embargo, se da en dos grupos de edad con más frecuencia: la más común es entre las mujeres menores de 30 años, aunque también aparece en mujeres entre los 50 y los 60. Aproximadamente la mitad de las inflamaciones se producen por bacterias.

¿Cuál es la causa más frecuente para que ocurra una mastitis puerperal?

El factor disparador y determinante es el hecho de estar dando de mamar, porque el bebé al prenderse del pezón y succionar puede producir microabrasiones o microlesiones que facilitan el pasaje de los gérmenes. El principal causante de la mastitis bacteriana es el Staphylococcus aureus, aunque existen algunas infecciones mixtas con otros gérmenes que pueden influir. Los patógenos llegan al cuerpo, por ejemplo, por grietas en la piel del pezón. De por sí las mujeres embarazadas son más propensas a albergar determinadas baceterias, lo mismo aquellas que acaban de tener familia, razón por la cual son más propensas a tener este tipo de complicaciones.

¿En qué momento del período de lactancia es más frecuente que ocurra?

Lo típico es que sea posterior a las dos primeras semanas. Es muy infrecuente que una mujer desarrolle mastitis en los primeros 10 o 15 días. También lo es posterior a los tres meses de lactancia.

¿Cuáles son los síntomas que se presentan en una mastitis puerperal?

La mujer suele presentar fiebre, dolor generalizado y sensación de tirantez, enrojecimiento de la zona de los pechos, inflamación de los mismos y sobrecalentamiento al tacto de la mama. Hay que aclarar que a veces las mujeres suelen asustarse porque sienten dolor o incluso pueden hacer fiebre en la bajada de la leche, pero el dolor por una mastitis no es comparable con esa sensación de malestar. La mastitis suele presentarse además de forma unilateral, es decir que no suele ocurrir en ambas mamas a la vez.

¿Cómo se puede prevenir?

La higiene es lo más importante. Después de dar de amamantar al niño hay que higienizar bien los pezones y asegurarse de que no quede leche extra. Se debe vaciar la mama lo más posible. Si hay lesiones en el pezón hay cremas cicatrizantes que ayudan. Hay que tener en cuenta que esa es la vía de acceso para las bacterias.

¿Cómo es el tratamiento a seguir?

Depende de la gravedad de la misma. Si la mastitis es bacteriana el doctor va a recetar antibióticos. Muchas mujeres evitan amamantar si padecen mastitis, pero se debe dejar claro que los antibióticos que suelen prescribir los médicos en esta etapa son inocuos para el bebé y no se transmite droga que pueda afectarlo a través de la leche. Se desaconseja interrumpir la lactancia. El médico suele recomendar medidas de enfriamiento del pecho (por ejemplo, con bolsas de hielo o compresas frías). En casos más severos, cuando un absceso se ha formado (inflamaciones purulentas encapsuladas), el médico lo abre en una pequeña cirugía y vacía el pus.

Mencionábamos al principio que una mujer que no esté cursando el período de lactancia puede también desarrollar una mastitis. ¿Cómo es eso?

Lo más importante en casos como estos es determinar el origen de la infección, y descartar, antes que nada, otras complicaciones que pueden expresarse de forma similar a una mastitis, como por ejemplo un tumor de mamas. Los síntomas de la inflamación de la glándula mamaria fuera del período de lactancia (mastitis no puerperal) suelen ser menos agudos que los de una inflamación de la glándula mamaria en el período de lactancia (mastitis puerperal). Por eso, estas inflamaciones de la glándula mamaria tienden a repetirse (recidivas). En muy raras ocasiones se forman inflamaciones purulentas encapsuladas (abscesos) y en inflamaciones crónicas, las denominadas fístulas, es decir, conexiones que van desde los conductos de leche hacia fuera por la piel. En una mastitis fuera del período de lactancia (mastitis no puerperal) la evolución suele ser crónica, es decir, que las afectadas tienen que ser intervenidas una y otra vez.

Temas relacionados