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Enfermedades crónicas no transmisibles en niños

Doctora Alicia Fernández

Las enfermedades crónicas no transmisibles son consecuencia de una compleja interrelación de determinantes propios de los individuos, estilos de vida, conductas no saludables y situaciones sociales que son claros factores de riesgo.

Muchos de estos malos hábitos comienzan en la infancia y se mantienen a lo largo de la vida, excepto que las medidas de promoción y prevención logren cambiarlos. Todo lo mencionado hace que se las considere como enfermedades “socialmente trasmisibles “.

Dentro de los múltiples factores de riesgo se destacan el sedentarismo, mantener una dieta inadecuada, el sobrepeso y la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes, el aumento del colesterol, el hábito tabáquico, el consumo de alcohol y de drogas ilícitas que interaccionan entre ellos, aumentando el efecto que aisladamente tiene cada uno. Estos preceden durante largo tiempo la instalación de la enfermedad y por tanto son modificables.

En un trabajo, realizado en la Universidad de Montevideo, destacamos dos factores más: la imprudencia en el tránsito y la depresión. En el caso de esta última, con múltiples determinantes, entre ellos el bullying en sus diferentes formas, las exigencias de los padres ante expectativas que el niño no cumple entre otros que pueden incidir.

En este artículo vamos a referirnos fundamentalmente a tres de ellos: la dieta no saludable, el sobrepeso/obesidad y el sedentarismo, íntimamente relacionados entre ellos y determinantes de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, diabetes, osteoporosis y cáncer.

En referencia a la alimentación, reiteramos la importancia del pecho directo exclusivo durante los primeros seis meses de vida, si no hay contraindicaciones para el mismo y si la mamá desea amamantar, porque no podemos obligarla a ello. Salvando esta consideración es importante tener en cuenta que, los alimentos ricos en sodio, grasas y pobres en fibra son un factor de riesgo para desarrollar enfermedades metabólicas, como la diabetes. Una alimentación balanceada en la infancia, que tenga en cuenta las necesidades energéticas y de nutrientes de acuerdo a la edad, permitirá que crezcan y se desarrollen adecuadamente sin déficit ni excesos. Los padres o cuidadores deben respetar las pautas establecidas en referencia a la introducción de los alimentos, que serán informadas por los pediatras, pero que además figuran en el carné de control y están publicadas por el Comité de Nutrición de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, en la página de la misma.

Una alimentación saludable en la infancia y en la adolescencia es tan importante en los hogares como en los centros educativos, esa es la razón de la ley promulgada recientemente. Esta ley, además de dar a conocer a padres y alumnos a través de un listado confeccionado por el Ministerio de Salud Pública cuáles son los alimentos y bebidas saludables, obliga a que la lista esté visible en las cantinas y quioscos de los centros educativos, siendo estos los únicos alimentos que se podrán promocionar y publicitar dentro de los referidos institutos de enseñanza, aunque se mantenga la venta de aquellos considerados “no saludables”, o bien, por ejemplo se retiran los saleros de la vista, intentando, de este modo, que adquieran el hábito de no agregar sal extra a los alimentos que ya los contienen.

No solo la alimentación saludable es necesaria, sino también el ejercicio físico. Hay que evitar caer en el sedentarismo, tan arraigado en los niños y adolescentes que pasan horas frente a las computadoras, jugando con videojuegos o mirando televisión. El sedentarismo es un estado caracterizado por la falta de una actividad física diaria y mínima, recomendada para favorecer todos los fenómenos que son necesarios en el organismo y que disminuyen el riesgo no solo de enfermedades cardiovasculares sino de enfermedades relacionadas con la falta misma de esa actividad. Sabemos que hay factores que, en algunos niños, favorecen el sedentarismo y sobre los cuales debemos actuar, porque hasta en quienes padecen enfermedades neurológicas, respiratorias, cardiovasculares u osteoarticulares, el ejercicio, adaptado a cada situación es imprescindible.

Muchos autores que han escrito sobre el tema refieren como determinantes la percepción de que el ejercicio les quita tiempo para el estudio o que las actividades que pueden realizar por ejemplo en el centro educativo al que concurren no los atraen o son menos hábiles que sus pares para la misma (situación que en muchos casos favorece el bullying). Hay múltiples factores sociales, económicos y culturales que atentan contra la cultura de la actividad física y sobre los que debemos actuar sabiendo que son modificables. La recomendación para la mayoría de los autores es realizar ejercicio una media de 30 minutos por día con un tiempo óptimo de una hora de actividad moderada a intensa para niños y adolescentes, que puede hacerse en forma fraccionada cada 10 minutos o continua. Las actividades sugeridas son: correr, trotar, saltar a la cuerda, caminar, andar en bicicleta, nadar, participar en juegos de equipo, patinar o bailar. Lo que es fundamental es que la misma sea agradable para el niño. Para los más chiquitos estos ejercicios son parte del juego diario, lo que no sucede habitualmente cuando crecen.

Nos parece importante indicar que están disponibles los juegos electrónicos como el Body Jumping o el Jump it en que se deben coordinar pasos al ritmo de música y si bien no hay evidencia de que esta práctica promueve o incentive el ejercicio físico, tampoco fomentaría el sedentarismo y puede ser un camino para cambiar el hábito en niños que cuentan con estos juegos.

Finalmente mencionamos relacionado a los hábitos de dieta no sana y de sedentarismo el sobrepeso/obesidad. Sin duda la obesidad es una epidemia en el mundo, de la que Uruguay no está libre. En su causa hay factores genéticos y ambientales Se han comprobado factores genéticos o metabólicos, pero los primeros por sí solos no explican la cantidad de obesos. Es imprescindible la alimentación con exceso de calorías y la falta de gasto energético que provoca el sedentarismo para que exista obesidad. En los niños es un grave problema y se acompaña no solo de complicaciones clínicas y metabólicas como es la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2 , sino también emocionales y sociales. Debemos erradicar el concepto de que los lactantes y niños con sobrepeso/obesidad son sanos.

En este breve artículo, lo que pretendemos es concientizar a los responsables del cuidado de los niños y adolescentes, que no son únicamente los padres, de la importancia que tienen estas recomendaciones, porque –como en tantas otras cosas– el futuro se juega en el hoy y si esperamos a actuar cuando las enfermedades se hacen evidentes, llegamos tarde.

Dra.Alicia Fernández
Coordinadora Centro de Ciencias Biomédicas
amfernandez@um.edu.uy
 

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