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Salud emocional en la crianza de los hijos

Dra. Natalia Trenchi

Está demostrado que la salud emocional es un factor tan o más importante que el desarrollo del intelecto.

Las personas exitosas no necesariamente son aquellas que obtuvieron la mejor formación académica, la capacidad intelectual no es reflejo de un óptimo desempeño personal y social, sino que es necesario desarrollar otras competencias personales propias de la inteligencia emocional, considerada como la habilidad esencial de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos adecuadamente y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás.
Esta habilidad para manejar emociones de forma apropiada se puede y debe desarrollar desde los primeros años de vida ya que las emociones se expresan desde el nacimiento, un niño amado, acariciado, crecerá con confianza y seguridad en sí mismo.
Los chicos que se sienten bien consigo mismos y que se llevan bien con otras personas tienen más probabilidades de tener éxito, que aquellos que se encuentran emocionalmente desconectados, carecen de autoestima o que ignoran cómo interactuar con otros.
La base de una estabilidad emocional y del desarrollo de estas habilidades está en el hogar, en lo que reciben, en el contacto cercano con la familia. Es allí donde el niño aprende a desenvolverse en un entorno de confianza para luego poder vincularse de mejor manera con las personas que va conociendo a medida que va creciendo.

¿Cómo lograr un hogar donde los niños puedan desarrollar sus habilidades emocionales?
El desarrollo de las emociones es uno de los elementos centrales en la crianza ya que es lo que les permitirá a los niños acceder a la felicidad, a la satisfacción consigo mismo, a ser personas productivas para la sociedad y para quienes lo rodean. El objetivo principal que deberían tener todas las familias es que dentro de la casa, en el hogar en sí, se respire un aire de paz, un clima familiar cordial de respeto y armonía donde se viva con felicidad. Hay que tener en claro que en una casa con niños la perfección es imposible. Por eso es central mantener los objetivos y las prioridades de la vida familiar para lograr vivir en paz. Si la prioridad es que la mesa esté puesta correctamente, que no hayan migas sobre el mantel, que nadie vuelque o rompa nada durante la cena, entonces se está cometiendo un error porque la familia vive estresada.
Por ejemplo, si a la hora del desayuno es común oír rezongos, hay que estar apurando a los niños (el clásico “vestite que no llegamos”) quizá la solución sea más fácil de la que pensamos. Adelantemos 15 minutos el despertador, comencemos la mañana con música de nuestro agrado, hagamos que el día comience de otra manera, con otro clima familiar, en el que exista la posibilidad de hablar, de hacer algún chiste, de dirigirse el uno al otro de forma amable.

Si de a poco se logra ese clima armonioso en el hogar, ¿cómo se refleja después en el crecimiento de los hijos?
Se refleja en muchas cosas, que en su suma indica que existe el bienestar emocional. El niño aprende de lo que ve, y si en su casa hay un clima de respeto, de paz, con prioridades claras, entonces él va a incorporar estas conductas. Aprende cómo tratar a los demás, a saber esperar, a prestar atención a lo realmente importante y reconocer los detalles como tales, pero fundamentalmente aprende que todos son valiosos y que cada persona tiene un lugar, algo que también se verá reflejado en su autoestima y en la valoración que haga de las personas que conocerá fuera de su casa.

¿El bienestar emocional influye a la hora de que el niño comience a afrontar desafíos propios?
Absolutamente, la resolución de conflictos, de hecho, es una habilidad que debería ser casi obligatoria, porque la familia feliz no es la que no tiene conflictos sino la que sabe resolverlos, y la que logra hacerlo negociando con respeto y alcanzando acuerdos; en la que los padres saben ejercer la autoridad pero de una forma democrática, respetando los derechos de todos. Estas son cosas que se vivencian, no es a través de los discursos que un niño las puede aprender, sino de las actitudes que ve en el día a día.

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