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Lactancia y alimentación

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La batalla de las comidas

Natalia Trenchi

Todos los padres ponen la mejor voluntad para proporcionarle a los hijos la alimentación que precisan, pero la respuesta no siempre es positiva y a veces se llegan a situaciones en las que es difícil mantener la calma.

En cuanto llega la hora de comer, la familia entera se embarca a menudo en una desdichada batalla que se repite día tras día. Algunas madres se quejan de que su hijo es caprichoso o no come nada, se pasan una hora dándole de comer y aseguran que lo han intentado todo: contarle cuentos, entretenerlo con la televisión o con muñecos, incluso han recurrido a premios y castigos, pero el problema continúa. Otras, en cambio, aseguran que el hijo se pasa todo el día comiendo, picando entre horas y tomando dulces, y no saben cómo evitarlo porque, aunque le riñan o se lo prohíban, no le hace caso. Coman o no coman, el conflicto parece inevitable y permanente. Pero, ¿a qué se debe?, ¿puede evitarse? Y, si es así, ¿cómo hacerlo desaparecer...?
Alimentarse es una necesidad biológica. El niño ya nace con el instinto de succión adaptado a su primera forma de alimentación. Pero en el plano psicológico, el momento de la toma es el primer vínculo que se establece con la madre que le da el pecho o la mamadera y está sujeto a fluctuaciones que pueden dar lugar a momentos de crisis que pueden convertirse con facilidad en una fuente de angustia. Por ejemplo, es difícil no tomar a modo personal el rechazo del bebé a la leche que se le ofrece. Este puede ser el primer desconcierto, afirma el médico pediatra Pedro Barreda. Además, dice Barreda, el niño descubre enseguida que, si rechaza la comida o se vuelve testarudo, consigue llamar la atención de sus padres y recibe más cuidados. Con lo cual, si la situación se repite, se irá volviendo caprichoso y exigente. Es como si le dijera a los padres: “Comeré, pero lo haré despacio y así estarás más conmigo”, o “soy más terco que tú y no me obligarás a comer, al menos que me prepares lo que yo quiero o me conectes la televisión”.
Los padres no siempre deben ceder para satisfacer los caprichos del niño, tampoco pueden discutir en cada comida. Es un gasto de energía inútil. Pero a veces los padres cometen errores que pueden tenerse en cuenta, y sobre estos profundiza la psiquiatra de niños y adolescentes Natalia Trenchi.

A que papá no le ha pasado de decirle a sus hijos: “Si no comés la comida, te quedás sin postre”. Sin embargo, es un error. ¿Qué otros errores cometen los padres a la hora de alimentar a los niños?
Son muchos los errores que comenten los papás con la comida, con la mejor de las buenas intenciones, que conlleva a que los niños no coman bien. Uno de los errores más frecuentes es el que se menciona en la pregunta, obligar al niño a comer ofreciéndole a cambio lo que quieren con tal de que coman. Si esta actitud es repetida en diferentes ocasiones por los padres los niños aprenderán que tanto si comen como si no comen consiguen una cantidad de cosas que quieren, descubren que disponen de un arma poderosa con la que pueden manejar a los padres. Sin embargo, la acción de comer debe ser un acto natural, sencillo, placentero, un acto en el que, ante todo, se escuche al cuerpo. Cuando los padres ofrecen a los niños algo para que coman o los presionan para que coman más de lo que tienen ganas, en realidad lo que se está haciendo es forzar el sistema digestivo del pequeño. En estos casos, los niños no pueden escuchar lo que les dice el cuerpo, no saben como darse cuenta de que ya han comido suficiente.
Si un niño sano no quiere comer la cantidad de comida que a juzgar por los padres es la correcta, no importa. El niño tiene que comer lo que tenga ganas, lo que puede y lo que quiere. Debe comer lo que el cuerpo le pida.
Hay padres que son capaces de montar un circo para que los niños coman, contarles cuentos, darles juguetes, dejarlos ver televisión... No está bien. Hoy día hay muchos niños que no comen mas que mirando la televisión (también comparten esta actitud muchos adultos), durante ese tiempo el niño se encuentra distraído y probablemente comerá más de la cuenta. Sin embargo, comer mientras se mira la televisión es una actividad mecánica. No es la mejor enseñanza que los adultos le pueden dar a los hijos. Es importante enseñarles a comer de tal forma que escuchen al cuerpo, que disfruten la comida, que interactuen con otros seres humanos, y que no exista para ellos la necesidad de distraerse con agentes o elementos externos como los mencionados.

¿Cómo reincorporar los buenos hábitos de alimentación en los hijos
Es algo muy difícil, no hay nada más complicado que poner marcha atrás en los hábitos ya adquiridos. No obstante, hay que proponerse realizar cambios: intentar lograr que el encuentro en la mesa de la familia sea atractivo desde el punto de vista humano, que sea un lugar y un momento para charlar e intercambiar opiniones, anécdotas, chistes… Los padres no deben estar todo el tiempo recalcándole a los niños si comieron poco o mucho, si usaron correctamente los cubiertos o no. No, los padres deben hacer del encuentro en la mesa un momento agradable, seguro y de disfrute para todos.

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A DESTACAR:

1. Los padres no siempre deben ceder para satisfacer los caprichos del niño, tampoco pueden discutir en cada comida. Es un gasto de energía inútil.
2. Comer debe ser un acto natural, sencillo, placentero, un acto en el que, ante todo, escuchemos a nuestro cuerpo.
3. Cuando los niños no quieren comer, los padres no deben ceder ante los caprichos o ellos aprenderán que disponen de un arma poderosa con la que pueden manejar a los padres.
4. Si presionamos al niño a que coma más de lo que quiere o puede, estamos forzando el sistema digestivo del pequeño.
5. Nada más difícil que modificar hábitos ya adquiridos, por eso es importante inculcar buenos hábitos tempranamente en los niños.

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