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Lactancia y alimentación

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Alimentación infantil en el invierno

Lic. Zenia Toribio

El cambio de estación se acompaña de cambios en el estilo de vida, y son diferentes algunos cuidados que debemos hacer hincapié. Adecuar hábitos alimentarios de acuerdo al cambio de estación es importante para conservar la buena salud.

 Debido a las bajas temperaturas del medio ambiente, nuestro cuerpo emite calor por lo que necesitamos más energía en la temporada de invierno.

La dieta debe ser equilibrada todo el año. En temporadas cálidas es más fácil consumir frutas y verduras, pues la variedad es mayor y apetecemos alimentos frescos, con buen contenido de agua. En tiempos de frío es diferente la oferta de alimentos, razón por lo que debemos mantenernos atentos, y no caer en desequilibrios, por lo que en el invierno debemos poner atención a que las verduras y las frutas no falten en la dieta.
Las necesidades nutricionales son las mismas durante todo el año, salvo un pequeño incremento de las necesidades energéticas, dado que el cuerpo debe liberar mayor cantidad de calor y así conservar estable los 37 grados, que aseguran el perfecto funcionamiento de todas las células. Si el entorno es frío, el cuerpo libera calor para compensar, proceso que se denomina termogénesis o termorregulación, que es el efecto de producir calor, siendo el mecanismo que se desencadena para lograr la adaptación del organismo al frío. Los dos nutrientes más necesarios son los carbohidratos como fuente de energía y el agua.
También cuando comemos no sólo estamos incorporando energía, nuestro cuerpo está quemando energía para que sea posible el proceso de asimilación de los alimentos, y sintetizar los nutrientes. Esta es la explicación de la tendencia a apetecer el consumo de preparaciones calientes durante los días fríos: es el ahorro energético que se le permite al cuerpo, que ya está gastando adicionalmente para compensar las temperaturas o termoregular. El consumir preparaciones calientes permitirá una utilización más rápida de los nutrientes, ya que el organismo se ahorra el trabajo de adaptar la temperatura para el proceso digestivo y metabólico.
Parece complejo, pero cuando las necesidades nutricionales las traducimos a la alimentación, se simplifica si atendemos ciertos aspectos que nos orientan en la elección y forma de comer. Lo importante es conservar buenos niveles de glucógeno en los músculos, que es la fuente directa y rápida de energía, y a ello debe de apuntar la dieta:

1) La energía adicional para que el cuerpo se adapte al frío es casi imperceptible si cuidamos las temperaturas a las que los niños están expuestos. Con buen abrigo, mínimas exposiciones al exterior, conservando los cuidados habituales, la dieta debe de tener un aporte energético similar al resto del año.


2) Para conservar buenos niveles de glucógeno es importante comer en varias oportunidades durante el día. El descenso de los niveles de energía acumulada en el músculo es la causa del “temblar de frío” o “el titiritar”. Antes de salir es bueno que hayan comido, por ejemplo: nunca sacarlos de casa sin haber desayunado, aunque al llegar a la escuela tengan un desayuno. En éste caso que sea liviano, pero no se deben sacar de casa en ayunas.


3) Al llegar debe de reponerse el calor gastado para proteger la temperatura, tomar algo calentito será una buena ayuda para que se vayan poniendo en ambiente, y desplegar su energía en el juego o el estudio.


4) Un plato de comida caliente es lo que más reconforta y ayuda a entrar en calor. Es una buena oportunidad de ofrecerles sopas de verduras y guisados en sus diversidades, incluyendo en ellos hidratos de carbono a través de la pasta y de los granos como los porotos, las lentejas, los garbanzos, y otros.


5) Es importante buscar las oportunidades para incorporar las verduras, pues es más sencillo adaptarlas a sus exigencias, si son procesadas, mezcladas. Si bien no hay tantos vegetales verdes como en el verano, hay otras ofertas, como los choclos que tanto deleitan o la zanahoria, el zapallo en sus diferentes variedades y su excelente aporte de vitamina A y fibra.


6) Las frutas en invierno son muy generosas en vitamina C, como las naranjas y las mandarinas. Estas últimas son muy atractivas para los más pequeños, pues pueden comerlas solos, aprender a sacar sus cáscaras y disfrutarlas con sus propias manos. Son fáciles de trasladar y pelar, para consumirlas fuera de casa. Y muy nutritivas, así que debemos de cuidar de tenerlas siempre en casa, como las bananas, que son tan bien aceptadas y cumplen un discreto rol energético además de aportar minerales.


7) Es importante considerar las comidas calientes para ahorrar el gasto energético y facilitar la digestión. También porque son formas concentradas de aportar energía, pero debemos cuidar que no sean excesivamente calóricas. La regla es: calentitas pero no hipercalóricas. Si el entorno es favorable, si están en general viviendo a temperaturas controladas, no están a la intemperie y están bien abrigados, sus necesidades energéticas a través de la dieta no son para aumentar considerablemente el aporte energético.


8) La vitamina D es la que más debemos cuidar en los meses de frío. Es la vitamina que se forma por exposición solar, por tanto si no la suplantamos, no recibirán las cantidades necesarias cada día para absorber el calcio y formar los huesos. Procuremos ofrecerles alimentos adicionados con Vitamina D, y en los más pequeñitos recordar la dosis indicada por el pediatra.


9) La vitamina C es uno de los nutrientes más implicados en la función defensiva y la encontramos en las frutas y verduras. Es esencial para el desarrollo y mantenimiento del organismo, protege el tejido conectivo y facilita la absorción de otras vitaminas y minerales. Su papel es fundamental para la salud, por tanto volvemos a recordar: el consumo de frutas ricas en vitamina C serán de gran ayuda para que los pequeños conserven su salud, en una época donde los resfriados y las gripes están a la orden del día.


10) Recordar que a lo largo del día debemos cuidar de mantener una dieta equilibrada distribuida a lo largo del día, especialmente cuando el niño va al colegio. Que disponga de alimentos para las meriendas, y si lleva su vianda que sean preparaciones que se puedan calentar.


11) El agua debe de estar siempre presente. Si está resfriado, con tos o hace fiebre, recordar que se incrementan sus necesidades, por lo tanto debemos ofrecerla en mayores oportunidades.

Gran parte de la salud pasa por la nutrición, y en invierno, con el frío, los días sin luz y la rutina escolar, es especialmente importante cuidarla para que los pequeños disfruten llenos de energía para crecer saludablemente.

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