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Cuidados en la piel del bebé en verano

Doctora Daniella Bravo

La piel del niño no es una piel pequeña; es una piel diferente, mucho más delicada y sensible que la del adulto.

Desde épocas remotas, los seres humanos han estado expuestos a la radiación ultravioleta solar, sin pensar en los daños que se pueden producir en la piel, al recibirlos en forma crónica y constante.

La piel es un órgano que nos protege de las agresiones del medio ambiente. Posee defensas eficaces destinadas a evitar o restaurar los daños que pueda sufrir. Pero si la agresión es desmedida, esta capacidad de repararse es superada y pueden sobrevenir cambios irreversibles importantes  para la salud.

Las reacciones de la piel normal frente a la exposición solar son fundamentalmente de dos tipos: reacciones tempranas, como el enrojecimiento e inflamación (quemadura solar), bronceado, alteraciones en las defensas del organismo, ya que la piel forma parte del sistema inmunitario, síntesis de vitamina D; y reacciones tardías como el fotoenvejecimiento, la aparición de  lesiones premalignas y  tumores de piel con diferente grado de malignidad.

 
¿Qué pasa con los niños frente a la exposición a los rayos solares?

El daño solar se acumula en la piel a través de los años, podemos decir que la piel “tiene memoria”. Y sabemos que una persona recibe más del 70% de los rayos ultravioletas, capaces de producir cáncer de piel, antes de los 18 años.

Debemos recordar que los niños “no toman sol”, simplemente “juegan al sol”. Lo hacen en forma desaprensiva porque ignoran el daño que las radiaciones solares pueden causar en su piel.

Otras veces aprenden de lo que ven y escuchan; en otras palabras, imitan los hábitos y conductas de los adultos.

Para el desarrollo normal de una persona son deseables las actividades físicas y los juegos al aire libre. Prohibirlas por temor al sol sería contraproducente e innecesario. Lo importante es que el niño “aprenda a convivir con el sol” desde una edad temprana, evitando las exageraciones tan frecuentes que los transforma en seres que viven para el sol.

La FOTOEDUCACION describe la enseñanza de los hábitos y conductas sanas frente al sol; nos señala como protegernos en forma eficaz desde la infancia y durante todo el año. Nos compromete a todos, sin excepciones. Debemos comprender que enseñar con el ejemplo es la forma más eficaz de educar.

La mamá, el papá, los familiares del niño, así como las personas con ascendencia natural sobre él, como maestras, profesores de gimnasia, etc., deben transmitir al niño el mensaje que no los confunda. Si la mamá se calcina al mediodía en actitud de “adoración al sol”... ¿qué podremos enseñarle al hijo?

Lo principal es enseñarles con el ejemplo.

  • Enséñele a aprovechar la sombra de los árboles durante sus juegos
  • Desaliente la exposición solar entre las 10 y 16 horas. (hora solar)
  • Persuádalos de que usen sombrero con ala, o  gorros que proyectan sombra sobre la cara, cuello y orejas. Un bebé que usa gorro desde los primeros meses de vida, lo usará toda la vida.
  • La ropa, es la forma más simple y efectiva para protegerlos. Póngale ropas adecuadas, como remeras o camisas de mangas largas, de telas livianas y colores oscuros o brillantes, que absorben mayor radiación y nos brindan una mayor protección. Hoy existe una amplia gama de ropa con protección UV.
  • También es muy importante la protección de los ojos. La exposición de la retina a la radiación ultravioleta, puede favorecer el desarrollo de cataratas y otras afecciones oculares, por lo que se debe indicar el uso de anteojos con protección contra los rayos UVA y UVB.
  • Antes de la exposición solar, aplíquele una pantalla solar de amplio espectro (protección contra los rayos ultravioletas A y B), con un factor de protección solar (FPS) no menor de 30.
  • Tenga en cuenta que los niños de piel muy clara, que siempre se ponen colorados y nunca se broncean, los pecosos o los que tienen muchos lunares, necesitarán una mayor protección.
  • Aplíquele o enséñele la manera de aplicar las pantallas solares, en forma abundante, esparciendo bien el producto por toda la superficie de la piel, media hora antes de exponerse al sol. No olvidar de aplicar en las orejas, dorso de manos y dorso de pies.
  • Vuelva a aplicar la pantalla cada dos horas, aproximadamente, dependiendo del número de baños, transpiración, secado con toallas, etc.
  • ¿Cómo protegemos a los bebés? Al tener menos melanina, la piel de los bebés tiene más riesgo de sufrir un daño frente a la exposición solar; además es muy sensible a la aplicación de productos tópicos como las pantallas solares. Nunca aplique pantallas solares a los niños menores de 6 meses, ni tampoco los exponga al sol directo.  En ellos, la vestimenta es el factor más importante de protección.
  • Tenga en cuenta que la “dosis” de sol necesaria para la elaboración de la vitamina D en la piel, es mínima. No se necesitan las exposiciones exageradas para “fijar el calcio a los huesos”.
  • Recuerde que en los días nublados debemos protegerlos de la misma manera, ya que las nubes frenan el paso de los rayos que producen calor, pero no de los que “queman” la piel.
  • Tenga en cuenta que las superficies claras como la arena, pisos de cemento, paredes blancas, reflejan la radiación, por lo que de todas formas debemos protegernos aunque estemos bajo la sombra de una sombrilla.
  • Y por último recuerde:   un niño bronceado, no es un símbolo de salud, sino señal del sufrimiento de la piel que intenta protegerse de la agresión del sol.

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