tu bebé

Lactancia y alimentación

Imprimir Enviar

Virtudes de lactancia materna

Dr. Fernando Prego

Parecería que los pediatras y los neonatólogos hablamos sólo de lactancia, o que es el único tema que merece tratarse.
Lo que sucede es que ésta es, en los primeros días y en los primeros meses, el eje de la adaptación entre madre y bebe. Mucho del relacionamiento entre ellos gira alrededor de la alimentación y, como las piezas de un rompecabezas, todo parece ir encajando y tomando sentido (el dormir, el descanso, la vigilia tranquila) en la medida en que estos hábitos se logran.

Insisto en que este período está lleno de incertidumbres y de dudas y, por lo tanto, se oyen consejos y opiniones, vengan de donde vengan.
Los biberones, los horarios y los relojes son un invento reciente en la humanidad y en la historia del mundo.

Los bebes, cuánto más pequeños más, requieren de los cuidados de los adultos y en particular de la madre. No pueden alimentarse por sí mismos y no sobrevivirían sin esos cuidados.

Pero la naturaleza nada sabe de horarios ni de relojes ni de rutinas fijas.

Existe sí, un reloj biológico. Es cierto que los recién nacidos y los bebes son sensibles a las rutinas y es bueno creárselas. Eso los asegura y les permite ir conociendo el mundo, que es muy caótico y agresivo y necesita del adulto para qué se lo traduzca. Pero la rigidez en el manejo de los tiempos y de las rutinas puede, digo puede, ser contraproducente.
Reitero por enésima vez que la madre está cansada. Es, tal vez su sentimiento más permanente. Por esa, y tal vez por otras razones, acepta fácilmente el consejo de las famosas tres horas para que su bebe se alimente, que le aseguran un par de horas de libertad. Es frecuente oírles decir: que raro que llora, le toca a las cuatro y media…

La leche de madre SIEMPRE sirve. Eso es absoluto.
Pero si tenemos claro que la cantidad y la calidad de la leche no es igual de mañana que de tarde, al principio de la lactada que al final, entre una madre y otra, podremos ir entendiendo eso de los diferentes manejos del tiempo.

Por mucha cantidad de leche que tenga una madre, la primara parte de la lactada es más rica en sales y agua (quita la sed) y menos en grasas (llena menos). Por eso es preferible vaciar cada seno y recién ofrecerle el otro (que a veces no necesita y puede ordeñarse para guardar esa leche para cuando se precise). Algo similar pasa en la tarde, cuando la madre está más cansada, ha venido visita, el recién nacido ha llorado…

Si el bebe logra vaciar un seno, tomar una cantidad razonable y enjundiosa de alimento, no precisará comer por tres o cuatro horas. Si tomó menos, es probable que a la hora ya quiera mamar. Nada ganamos tratando de despertarlo si está lleno ni dejándolo llorar por dos horas si tiene hambre.

Por estos conceptos es que insisto en la flexibilidad en el manejo de los tiempos. No debemos olvidar que, además, el bebe recibe placer succionando el pecho. No todas las veces que llora o busca es por hambre. Pero el sentirse protegido, sostenido, arrullado le hace sentirse bien. Todas las madres han pasado por la experiencia de un hijo que llora, a los pocos minutos de haber mamado y no se duerme y el éxito llega cuando se vuelve a poner a pecho, a lo mejor por uno o dos minutos.

Esto es bueno que lo sepan ambos componentes de la pareja. No siempre el yo te dije es cierto y a veces esos minutos de intimidad eran los que el bebe necesitaba.

---

Nos referimos, habitualmente, a la lactancia a pecho directo como si fuera un sinónimo de maternidad. Como si fuera lo único que puede hacer una madre por su hijo y, por lo tanto, que es un pecado no hacerlo.
Nadie, y menos yo, va a discutir las ventajas de la alimentación natural. Todos lo sabemos y sería ocioso repetirlo ahora.

Pero hay veces, por muchas, variadas y diferentes razones, en que la madre no puede hacerlo. No hay pecados. La alimentación es una parte de lo que una madre da por su hijo. No lo es todo.

Hay quien dijo que una cachetada dada con amor no hace mal y un caramelo dado con odio daña. Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, pero lo mejor hay que elegirlo entre lo disponible y lo accesible.
Si no es posible dar pecho, existen sustitutos razonablemente buenos. Las leches maternizadas tratan de emular a la materna. Y lo logran con aceptable éxito. Sin contar la parte de defensas, que obviamente no puede brindar, y partiendo de leche de vaca modificada, se llega a una similitud excelente.

Si no se puede acceder a ellas, la leche de vaca, diluida de acuerdo a la edad del niño, es un sustituto fácil de obtener.

Estas decisiones deben tomarse con el pediatra tratante. No con las vecinas ni con los bien intencionados familiares. Se puede siempre llegar a la mejor solución si se plantean todas las opciones, libre y honestamente.

¿Y qué pasa con el apego, la relación madre-hijo, el amor y todas esas cosas? Pues nada. Esos sentimiento no vienen exclusivamente en ese envase y la forma de acunar al bebe, de hablarle, de sostenerlo y de acompañarlo no serán diferentes por no estar alimentándolo al pecho.
Lo que importa es que las cosas se hagan con sentido común y con amor. Si es así, no lo dañaremos aunque nos equivoquemos.

Algunos consejos: Cuando toman biberón, la regulación automática que existe con el pecho no está presente. La cantidad que el bebe toma la decide el que llena el biberón. Es bueno regular ese aporte según el niño vaya aumentando de peso, y coordinándolo con el pediatra.

La rutina para darle el alimento debería ser similar a la forma en que se le amamanta. Recordemos la necesidad que tiene el recién nacido y el lactante de ser acunado y sostenido.

Plantear estas cosas en la consulta con el pediatra tratante. Tener la información adecuada nos permite tomar mejores decisiones.

Recordar que no hay pecados. A las culpas que habitualmente cargan sobre sus hombros las madres, tratemos de no agregarle estas.

Temas relacionados