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Lactancia y alimentación

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Lactancia

Dr. Fernando Prego

Mucho se ha escrito y dicho sobre la alimentación a pecho materno. Y todo lo que se diga es poco. La literatura lo avala y la experiencia de las que la practican también. No pretendo hablar de eso. No voy a mencionar sus altísimas cualidades nutricionales, siendo el alimento que la Naturaleza fabrica para sus hijos, ni de sus ventajas en inmunidad, ni de la prevención de diarreas y enfermedades respiratorias, ni de la capacidad de formar un sistema nervioso más perfecto y eficiente. Tampoco mencionaré las ventajas para la madre en cuanto a adelgazar los kilos que aumentó en el embarazo, la prevención de cáncer de mama y de útero ni hablaré sobre el placer y la satisfacción que produce.
Mucho hay ya sobre esto y no quiero aburrir.

Pero, de esa cosa idílica e irreal que imaginamos cuando va a nacer un hijo, a veces los padres, en particular la madre, choca con una realidad diferente.

Todos, incluso los libros, presionamos a la madre para que prenda a su bebe al pecho, ya en sala departo. Insistimos. Le hablamos de que respete tiempos, que no más de quince minutos de cada lado, que sólo cuando llore, que estimule los dos senos, que alterne, que la libre demanda, que es mejor vaciar un seno y después ofrecerle el otro, que así no, que yo te enseño…

Nos quedamos tranquilos y contentos porque enseñamos, pero no tomamos en cuenta a la madre. A la pobre madre que está en su mejor y en su peor momento. Está feliz, es claro, pero tiene temores. Es muy vulnerable, está cansada y se siente insegura.

No la ayudamos mucho con esos mensajes y consejos, a veces contradictorios.

Como siempre, lo realmente útil es ayudarla a que haga su experiencia, que vaya viendo con sus propios ojos y con su alma que todo va bien, apoyarla aún en sus errores, permitiéndole que no sólo se sienta madre sino que también lo sea.

Las primeras veinticuatro horas son muy especiales. Para la madre es obvio. Todo es nuevo, todo es desafío y también susto. Para el bebe es mucho más. Sale de un ambiente líquido, protegido, tal vez no confortable, pero sí protegido, para lidiar, bruscamente, con luces, manos, el aire, la falta de consideración de los que se supone que saben y la inexperiencia de los que lo quieren.

No es fácil.

Para colmo, en los últimos tres meses no ha hecho otra cosa que guardar alimento, sabiendo que los primeros dos o tres días habrá sequía, que la madre no tendrá más que calostro. Por lo tanto, NO tiene hambre y es capaz de subsistir sin aporte alguno. La Naturaleza es así de sabia. Además está cansado. El parto cansa por igual a la madre y al bebe, sale poco del pecho y no tiene hambre… pues, entonces… a dormir. Es lo natural.

Apoyar a la madre eficazmente para una exitosa lactancia natural consiste, simplemente, en apoyar a la madre. No a nuestro conocimiento ni siquiera a nuestra experiencia. Apoyar a la madre.

Si se siente más segura, si no la confundimos con temores irreales, si logramos que siga alimentando ese vínculo mágico que se inició en la panza, lo nuestro habrá tenido sentido.

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