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Preguntas

¿Qué hacer cuando el niño no quiere ir a la escuela?

Es la hora de levantarse para desayunar y concurrir a la escuela como siempre, y éste empieza a quejarse de síntomas físicos tales como: dolor de panza, dolor de cabeza, molestias en las piernas o, la queja más típica, náuseas; o tiene mucho sueño que no logra levantarse.

Por: Doctora Natalia Trenchi

 Los padres lo dejan en casa pensando que algo que comió le cayó mal, o que está incubando una gripe o enfermedad parecida.

Curiosamente pasadas éstas horas (hora de levantarse, desayunar o almorzar) el niño parece mejorar repentinamente, es más, juega y se muestra tan sano como siempre.

La mamá aliviada se dice: "que suerte, no estaba incubando nada, el malestar pasó" pero... al día siguiente se repite exactamente el mismo cuadro y a las mismas horas. Así puede pasar la semana entera hasta que al llegar el sábado y el domingo el niño salta de la cama con energía y sin ninguna queja física, y almuerza sin ningún tipo de problema. Seguramente a ésas alturas los papás ya advirtieron que los "síntomas" aparecen sólo en los momentos previos a concurrir al colegio.

Frente a ésta situación muchos de los padres al llegar el lunes se proponen hacer caso omiso a los supuestos malestares del hijo y obligarlo a asistir a clase. Allí aparece una negativa explícita y rotunda del niño a ir a la escuela que se acompaña de llanto, berrinches o "abrazos apretados" al adulto y una conducta inhibida fuera de lo que es habitual en ése niño. Esta es la situación que pueden estar viviendo muchos papás y niños en éste mes que ha transcurrido, desde el comienzo de las clases hasta la semana de vacaciones y que precisamente se puede ver recrudecido en el retorno a clases después de dicha obligada ausencia escolar.

A ésos papás que se están viendo reflejados en la situación que se describió anteriormente, los invito a preguntarse si en los últimos tiempos el niño se ha negado también a concurrir a cumpleaños, no ha querido quedarse en casa de los abuelos o a jugar en casa de un amiguito, de pronto de forma menos dramática, alegando simplemente: no tener ganas. Si ése fuera el caso podemos estar frente a lo que se ha denominado ansiedad o angustia de separación; pero si la negativa es sólo a ir a la escuela, se trata en principio, de Ansiedad Escolar, y digo en principio, porque para hablar de lo que se denomina fobia escolar se tienen que dar algunos otros elementos.

En el portal clinicapsinco.com, la doctora Gabriella Servetti, indica que la angustia de separación es la ansiedad o miedo intenso que experimenta un niño cada vez que se separa de sus padres o las personas que cumplan esa función, muchas veces la preocupación por parte del niño de que sus padres sufran un daño cuando no están presentes y siempre, la evitación de las situaciones que impliquen dicha separación, como por ejemplo: cumpleaños, escuela, club, casa de amigos o salidas con personas que no sean sus padres, entre otros.

Por otro lado, la fobia escolar es la ansiedad o miedo intenso que experimenta un niño ante la situación escolar y que se expresa a través de llanto, berrinches, comportamiento inhibido y/o abrazarse a los adultos con quién esté, cada vez que dicha situación se aproxime o sea anticipada por el niño. No es necesariamente reconocido como "miedo" por el niño. Se acompaña de la negativa a concurrir al recinto escolar. No tiene que existir una base "real" para el miedo, sino que debe tratarse de un miedo irracional o "sin motivo". Tiene que durar al menos seis meses para poder hablar de "Fobia" y no de Ansiedad elevada frente a la situación escolar.

Para profundizar acerca de los niños que se niegan a ir a la escuela, conversamos con la psiquiatra de niños y adolescentes Natalia Trenchi.

 

¿Es frecuente que los niños no quieran ir a la escuela?

Sí, de hecho creo que todo niño normal en algún momento no quiere asistir a clases, el problema se da cuando eso se intensifica mucho o se hace muy reiterativo.

 

¿Qué se puede hacer en esos casos?

Antes que nada se necesita tener una gran dosis de sentido común por parte de los padres ya que cuando un niño no quiere ir a la escuela pude decir que le duele algo como ser la garganta, la cabeza o la panza,  para evitar ir o a veces los adultos se dan cuenta que lo que sucede es que ese día tiene cierta materia, como puede ser gimnasia y le complica el vestuario, o alguna que le resulta muy difícil y trata de evitarla; estos casos son más sencillos de resolver.

Otras veces el “no quiero ir a la escuela” implica una crisis muy importante con llano, desesperación, una situación de pánico y ahí la cosa cambia. Acertadamente, muchas veces los padres piensan que algo debe haber pasado en la escuela y buscan la manera de averiguarlo, es correcto que sea lo primero a investigar.

 

¿Qué es lo primero que se debe hacer para averiguar qué sucede con ese niño?

Lo primero es ponerse en contacto con la escuela, generar una alianza entre la familia y la institución educativa a la que concurre el hijo, para poder ver entre todos qué es lo que está pasando allí. A veces el niño tiene problemas sociales por ejemplo, sus compañeros lo dejan de lado, o se peleó con su mejor amigo y no lo sabe resolver solo.

Se debe tener en cuenta que para un niño el entorno familiar es dónde se siente más protegido mientras que la escuela es el mundo en el que se maneja sin la protección de los padres y familiares cercanos.

 

¿Frente a esa crisis de no querer asistir, hay que llevarlo a pesar del llanto y del enojo del niño?

Sí, es una situación a encarar con cierta firmeza, siempre que el hijo demuestra que está asustado, o que la está pasando mal, o que está enojado, los padres deben recordar que lo primero es conectar y después redireccionar.

Conectar en el sentido de primero se debe hablar con él, preguntarle que le está pasando, reconocer que se lo ve mal, que está asustado, buscar la forma de conversar sobre el tema con el pequeño, intercambiar emociones, demostrarle que se lo entiende, se valora y se respeta lo que está sintiendo. Después de conectar con él hay que redireccionarlo, o sea, hacer que entienda que a la escuela tiene que ir, que se va a buscar la forma de solucionar el problema, que los padres van a hablar con la maestra, o si es un tema de la comida o de alguna materia ver de cambiar alguna rutina o ayudarlo un poco más, procurar la manera de ponerle rampas al problema para que el chico pueda pasarlo.

A veces es cuestión de encontrar la conexión y el respeto a sus emociones, la firmeza darle seguridad sobre lo que debe hacer y que las dificultades se enfrentan para solucionarlas.

 

¿Qué sucede si de todas maneras se sigue negando a ir?

Si la resistencia del niño sigue en aumento, continúa teniendo crisis de llanto, esta angustiado o incluso no le importa pasar vergüenza en la escuela y se aferra a los padres en la puerta, se debe buscar otra ayuda profesional porque se puede estar ante un caso de fobia escolar que requiere de otros procedimientos.

De todas maneras, reitero, lo más importante es encontrar la conexión para que el niño se sienta cómodo para hablar sobre lo que está sucediendo y ayudarlo a enfrentar el problema, la mayoría de las veces esta negación a la escuela se arregla dialogando en familia.

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